Amigo

por NN

Joan es de esas personas que uno no entiende. La estrechez mental no te deja ver lo que está ante tus ojos. Joan es un chico que sonríe más de lo que uno quisiera, alguien a quien no puedes derrotar facilmente. Nunca pude quitarme de mi mente la mirada triste y las lágrimas que luchaban por no salir. Joan me abrazó cuando jugaba a ser fuerte y peleó por mí muchas más batallas de las que yo fui capaz de aceptar.

―¡Quiero estar sola! ¿no lo entiendes?― y le cerré la puerta con toda la fuerza que no tenía.

―Vamos a caminar, tengo chocolates en mi chaqueta.

Así de fácil me dejo seducir por él, y aún así, lo alejo a patadas cada vez que está cerca. No sé tener amigos porque nunca me di cuenta de cómo era tener alguno. La confianza en el otro no es ni siquiera el problema.

Ellos ni siquiera se dan cuenta de nuestra existencia

Se sentó a mi lado una noche sin luna, en una montaña de tierra para hacerme entender que el tiempo no era sólo una soga. Me preguntó mi nombre dos veces y no lo olvidó hasta ahora.

Un día estaremos en París con aguaceros y nos sentaremos en una mesa como esta. Tendrás tantos años en los ojos y medio pulmón podrido por tu maña de no dejar de fumar cuando hablas. Estaremos sentados el uno frente al otro, como ahora, pero tu nombre resonará y yo habré logrado grandes avances en la ciencia.

El problema de confianza mi buen amigo, es el problema de confiar en mí. Nunca supe muy bien qué viste en mis ojos, en mi historia y en las palabras que decía apresuradamente para deslumbrarte. El problema es que nunca tuve un amigo porque no quería cargar con el peso de romperle el corazón a alguien, de fallarle o de simplemente olvidar.

Las historias, tuya y mía, se han re-escrito tantas veces que no sé si se volverán a cruzar; no sé si en tu guión aún figura mi nombre o si sería capaz de revivir a quien a consciencia maté de a poco. No me he rendido, es lo único que puedo decirte. Mis batallas no han sido fáciles y aún sigo en combate. La fuerza me falla y el alma se desvanece, pero entendí a las patadas a conocer a mi enemigo y hoy por lo menos soy capaz de mirarlo a los ojos cuando me miro en el espejo.

Gracias por enseñarme de las cosas importantes tanto y de las esenciales casi todo. Te escribo sólo para que sepas que no he muerto y que mi memoria aún falla.

Te quiero,

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