Fotografías

por NN

Vuelvo recurrentemente a las imágenes del pasado que no recuerdo cuando, en días como hoy, afuera llueve y dentro la tormenta condena a todos sus ocupantes a morir.

¿Cuántos años tenía cuando quise correr de casa la primera vez? ¿Cuándo me puse el traje de la cordialidad para una fiesta de la que no tenía invitación? ¿Eran esos mis ojos, los que sonreían ante una propuesta de cama? ¿Cuándo empecé a ser ‘tan yo’ que el pasado lo dejé de lado?

Crecí en un ambiente poco recomendable para un infante, para un niño, para un adolescente y hasta para cualquier adulto con cordura. Crecí porque no había opciones, porque quejarse o llorar no eran alternativas ante tanto sufrimiento al rededor. En mi casa, la cara dura era la ternura que se podía dar y recibir. El amor una olleta de agua caliente en la madrugada para ir a estudiar ante la fobia de un asmático que no soporta ni siquiera el agua. La misericordia un plato de comida fría cuando los gritos y llantos en el cuarto de al lado no cesan.

Mi sociabilidad es un silencio profundo y una mueca que simula una sonrisa. Siempre digo sí porque el no siempre me ha costado más a mí que al que escucha la negación. Y justifico cada una de mis oraciones para que el que lee entienda que esto no es una cuestión de representación o articulación de máscaras.

Cuando me despierto no pienso, cuando me acuesto el sonido de los Simpsons me arrulla. Me gusta ver que Dexter se pregunte cómo cargar con ese ‘pasajero oscuro’ y como los juicios morales se llevan al límite. Recuerdo gestos y ningún rostro. Me enamoran las miradas y pocas veces me he enfrentado al dilema de no tener qué decir. Guardo verdadero silencio casi siempre aunque mi boca hable tanta mierda.

Me enfrento hoy al reto de escribir cerca de cuatro páginas para alguien que no me mira con buenos ojos y busco en las imágenes de mi pasado en qué momento cambió tanto mi mirada que alguien pueda sólo odiarme porque sí. La admiración siempre alimento mi ego y mi ego las barreras para protegerme, para distinguirme, para ser un poco más ‘normal’. Me derrumbo. Al final terminé siendo mortal.

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