De un tiempo acá

por NN

Ya van al menos tres fines de semana sin poder escribir una sola palabra, sin pensar una audaz teoría sobre las cosas ínfimas con las que solía bromear para ejercitar la mente o si quiera con un sueño pendiente que reprimir por no ‘haber como’.

Estos días constan de una rutina bien delimitada con las cosas que debo hacer y las que quiero. Estos días serían el sueño dorado del que me quejé tantas veces en mi vida. Ya aprendí a sobrellevar la casa vacía, la comida por hacer, las compras para uno y las salidas a cine como individuo. El pasado ni siquiera se me presenta y el futuro me resulta tan sólo una palabra.

¿Dónde quedó quien soy?

Y me recuerdo en los salones vacíos de un colegio abandonado mientras caía la noche. Me recuerdo trenzando esperanzas y listas imaginarias de lugares y cosas. Me recuerdo con los dientes apretados con la impotencia de no tener la edad adecuada. ¿Dónde está ese impulso vital? ¿cuándo me dejó de importar todo?

Escribo creyendo que así tomaré el paquete de trabajo pendiente que tengo sobre mi escritorio, aunque falle.

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