Hoy por ejemplo, pensé en salones de arte locales

por NN

A la luz de estar leyendo Paideia y en esta desazón que me produce mi pasividad, venía observando por la ventada del autobus las cosas que aparecían a través de ella. Vi al gran y hermoso edificio del Museo Nacional, vacío como de costumbre, como por definición, y de repente todo cobró sentido. La gente no acude a ellos, no invierte en ellos, porque sencillamente no les conoce, no se enamoraron de ellos ni del fenómeno que allí se gesta. Ya los sofistas, los grandes educadores de la gloriosa Atenas, y los mismos atenienses, veían la importancia y preponderancia de volcar la educación sobre esta apreciación del arte. La formación del espíritu refinando la sensibilidad.

¿Por qué no dinamizar este proceso? ¿qué tal si traemos a los niños de manera recurrente como una práctica institucionalizada?

Y cuando las preguntas empezaron a llevarme a la situación ideal, recordé que estaba en Colombia y que incluso yo, tuve que desplazarme de casa por falta de espacios. La vida cultural se ha centrado en unos cuantos focos por no decir que en uno solo. A las ciudades y las poblaciones (que es el término que más me gusta para hablar de lo que no es este gran ombligo del país) les vendría bien tener salones de artistas locales y bienales que les convoquen, junto con instituciones que aunque no le den dinero -porque acá nunca hay plata para nada, mucho menos para el arte- sí promuevan hábitos apreciativos y de participación artística.

De repente me di cuenta que tenía que bajarme del bus, mi casa estaba cerca. Pensé entonces que la propuesta podría ser replicada en el caso de los libros y que una librería no le caería mal a los lugares de los que nadie habla.

¡Cuánto me falta aprender aún de los negocios!

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