Retornar al puritanismo, junto con su fracaso

por NN

Me despierto temprano en la mañana en un cuarto donde todo está en su lugar ‘correcto’. Cada hoja de papel está en el montón de temas afines. La loza está lavada y los alimentos en la parte correspondiente del refrigerador. Me despierto porque alisté el despertador la noche anterior para que sonara a la hora en que no ha salido aún el sol.

Me gusta cuando soy capaz de creerme el ideal del puritano o del protestante del siglo XVII (sí, junto las categorías porque me parecen igual de ingenuas) que ponían todo de sí y aquello les permitía confíar en el perfecto transcurrir del destino.

Puede uno intentarlo día a día, puede intentar e intentar, seguir intentando en una serie infinita. Los intentos como esfuerzos no logrados o llevados a buen término pueden repetirse día a día sin que ello les modifique su estatus. Puede uno seguir creyendo que el despertador sonando a la hora indicada cambia por completo el final del día. Puede uno atar su confianza en un hecho mecánico y retomar el papel en el continuo ‘consciente’ de los intentos fallidos.

Y fallar continuamente confíando en que aquello es el perfecto transcurrir del destino.

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