Prólogo para un breve tratado de autodeterminación

por NN

A mis quince años aún no me había enamorado, tampoco creía que alguna persona pudiese ser digna de estima. “Cada cual hace lo que le corresponde hacer”. El plan era perfecto: yo debía hacer lo que me correspondía hacer en la vida. ¿Qué? No lo sabía, pero no importaba, lo sabría en el momento en el que las cosas fueran ocurriendo. Pero las cosas fueron ocurriendo y algunas veces la baraja no me daba muchas opciones. Decisiones difíciles de tomar y ya no supe qué era lo que debía hacer. Se me fueron desdibujando mis criterios para darle paso a los criterios de otras personas sin darme cuenta. Fue importante ser otra persona diferente de mi para recibir la aprobación de otros. Fui encajando de algún modo inconsciente, contrario a lo que era el paradigma de toda mi vida. Siempre cargué con un signo de contradicción que ya no funciona cuando la gente estaba en sintonía con mis ideas. Aquello era extraño. Me inmiscuí entonces en la vida que había soñado pero dejando de soñarla. Empecé a construir a partir de lo que se suponía desde afuera. Respondía y respondía sin preguntar. Hablaba y hablaba sin escucharme. Un día, me reventé. Otro día lloré. Otro día, ya no me levanté de la cama. El peso de  una vida que no es propia termina por destruir a quien la carga, le aplasta y le reduce a nada. Basura aplastada. Miseria.

Por eso hoy escribo estas cosas. Porque la vida no puede seguir estando afuera. La vida no son unos zapatos ni un diploma. No es la palmadita en la espalda diciendo que lo hiciste bien o que aquello no importa. La vida, la verdadera vida, son los contenidos que autodeterminamos. Así que la tarea aún está por hacer. La dejé pendiente hace ya tanto tiempo que olvidé muchas de las cosas que había considerado importantes. Lo bueno es que la experiencia me ha enriquecido con contenidos positivos y negativos que el proyecto puede ser más acertado que hace 8 años.

Hay que tomarse el tiempo para saber qué persona se quiere ser y hay que tomarse el tiempo restante para hacerlo posible. Pero todo, todo, escuchando… escuchando más adentro que afuera, sin perder de vista que es afuera donde somos. Las acciones no nos determinan, son las decisiones que nos llevan a la acción, las expresan lo que somos.

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