tap, tip, tap

en esta casa de 7 paredes sólo se escucha el golpetear de las teclas, mientras el gato duerme

Mes: septiembre, 2013

A culpa é das estrelas

Pregunté por un libro en portugués y me trajeron este. La persona que me lo dió sintió algo de pena por no ser intelectualmente relevante pues como bien lo anuncian en todas la librerías es un best-seller que bien podría ser un bodrio.

¿Por qué lo estoy leyendo en portugués? La vida me condujo hasta Brasil por un mes y todo en mi vida quedó un poco trastocado. Quise aprender entonces portugués. Así que, a la manera de la gente que a fuerza de voluntad consigue las cosas, me esfuerzo ahora por aprender. Leo, veo y escucho todo lo que puedo en portugués hasta que un día, misteriosamente pueda escribirlo y hablarlo.

Acerca del libro debo decir que mi primer acercamiento fue una cantidad de post-it que encontré en él. Ella había escrito sobre su largo vuelo hasta este lugar y me lo contaba todo mientras avanzaba en las páginas ; así que debo empezar diciendo que he leído este libro pensando en ella principalmente. Leyéndolo con su voz en mi mente y atando muchos de mis sentimientos en algunos de los apartados.

La historia de una niña con cáncer empieza siendo para mí una mala señal, explotar los dramas tan irracionales como el cáncer, me espantó un poco en la primera página; pero a medida en que el personaje se iba creando a través de sus diálogos mi espanto fue disminuyendo paulatinamente. Sus bromas de humor negro no son muy agudas pero tienen gracia y así como su historia de amor es dulce pero no empalagosa.

Quizás es un buen compañero de viaje, de un mal rato o de un insomnio. No es revelador, ni hace cuestionar sobre el sentido último de la existencia humana. Es sólo un libro que intenta hacerlo “vivir lo mejor de su vida hoy”.

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Funciona

No quiero pensar en cuantos documentos tengo pendiente por escribir. No quiero pensar porque sé que estoy evadiendo mis responsabilidades al escribir aquí; y sin embargo, siendo tan poco coherente como siempre lo he sido, continúo.

Mi evasión es sintomática y mi terapeuta lo ha notado. Le frecuento con más insistencia en busca de alguna solución a tanto silencio interior. No hay dudas, no hay incertidumbre, no hay desazón. Mi desasosiego se torno en un tedio que terminó por convertirse en forma de vida. El ansia es aburrimiento y los retos, infantiladas de otro tiempo. 

Nunca pensé en enfrentarme a la pregunta pragmática del para qué, pero veo mis libros, veo al computador que lleva mucho tiempo sin encender y sólo eso se me ocurre. ¿Para qué?

Para qué seguir apostándole  a un oficio que mal me ha pagado y tantas heridas me ha costado. Para qué buscarme un conflicto del que ya he logrado escapar. Para qué engañarme en ser algo que nunca he sido. Luego enciendo la tv y me recuerdo, escribiendo en el silencio de una casa solitaria mientras la tarde caía y en la habitación sonaba algún programa estúpido.