Querido yo del pasado

por NN

A propósito del retorno a casa

Querido yo del pasado:

Te estoy escribiendo en la media hora de receso que me tomé de las vueltas burocráticas, siempre estúpidas, siempre (in)necesarias. No me dedico a la escritura y los libros llevo cerca de un mes sin tocarlos. No, no he muerto pero siento como si estuviese en la caverna con Lázaro esperando, así que mientras eso ocurre me propuse escribirte, quizás así, tenga alguna manera de remediar este presente complicado.

De lo primero que te hablaría es del dinero: sé que tienes 18 años y crees que 200.000 pesos es una suma suficiente para conquistar el mundo, que tener algo en el bolsillo es un lujo y que la comida es un exceso que se sobrestima. Sé que tus ideales son tu bandera y que te peleas con los monstruos imaginarios de ser necesario. Sé que sientes que conoces el mundo, que conoces a las personas y que sobre todo sé que crees que conoces del trabajo lo que se necesita saber. Pues bien, he de decirte que como tus expectativas por el dinero fueron mínimas, cuando las cantidades fueron aumentando no supiste manejarlas. El cupo de la tarjeta electrónica no era efectivo y si hubieses hecho un plan o hubieras pensado el futuro, no habrías cometido los errores que aún estoy pagando. El hambre fortalece el espíritu y te hace reconocer pulsiones muy intensas te tu animalidad. El hambre te hará reconocer tu propia miseria y lo dependiente que eres, así que deberías empezar por tragarte el orgullo para que por lo menos así, el poco alimento que recibas te nutra realmente; porque cuando la desnutrición llegue arrasará con tus amigos. Cuando llegues al trabajo recuerda que las normas que no aprendiste debes ser ejecutadas con precisión. Nadie escuchará tus excusas porque a nadie le interesan, eres un ente productivo: cumples una labor, bajo unas reglas, y se te da un dinero.

Ahora bien, sé que dejaste tu casa, tu familia, tus amigos, tu comodidad, por ir detrás de ese sueño llamado filosofía. Sé que piensas que lo que se necesita es estar allá y escucharlos y hablarles a los grandes, para que su virtud sea transmitida a tu espíritu; para que su fortuna sea un poco la tuya. Debo decirte que la cosa no fue así, conversaras con los grandes y ellos se buralaran en tu cara. Aprenderás a las patadas que el tiempo para el estudio era algo que no debías poner en venta. Que escribir era tu oficio y que como todo oficio debías practicarlo con regularidad y disciplina. Sentirás que no perteneces a ninguna parte porque nunca tuviste tiempo y sobre todo, dejarás morir tus proyectos, con el transcurrir de esa falta de tiempo.

La familia no te entenderá pero estará de tu parte, al fin y al cabo tú nunca los entenderás tampoco. Mamá siempre te estará esperando y papá te querrá a distancia. Tus hermanos serán lo que han sido hasta ahora, fantasmas, pero verás en tu hermana un rostro más humano, sólo necesitas algo de paciencia. Sólo deberías confiar un poco más en ellos ya que al final de tu travesía serán tu único camino de retorno.

Del amor en cambio aprenderás el valor del silencio y de la comprensión. La felicidad del compartir y la energía de luchar por sueños en común. Del amor aprenderás todo lo que se necesita para apreciar a la mujer con la que te casarás. No lee filosofía, no le gusta, pero te lleva a la playa y al jardín para que puedas dibujar y escribir. No, no entiende de la trascendentalidad de tus palabras y los problemas que se enmascaran en el lenguaje, pero te mirará con la ternura más limpia que unos ojos puedan mirarte. Así que no te niegues nada, que tus errores, nos valen el más grande triunfo. Encontramos a quien nos ama de verdad.

Te escribo no porque me arrepienta de todo, sólo creo que no debimos sufrir tanto, no era necesario. Te escribo para que no sigas cometiendo una y otra vez los mismo errores, que son los míos. Te escribo para que aprendas a escuchar consejos y tal vez así, nos salvemos de algunas batallas vanas.

 

C.

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