tap, tip, tap

en esta casa de 7 paredes sólo se escucha el golpetear de las teclas, mientras el gato duerme

Mes: mayo, 2014

Tristeza

A veces la tristeza viene y nos coge en la mitad de un baño de agua caliente, en la subida de la montaña, en el respiro final. A veces la tristeza nos coge cuando despertamos y tomamos el café de la mañana, al tomar el autobús, al llegar al trabajo.

A veces simplemente viene y nos coge, nos da tres vueltas y se burla en nuestra cara. “Sigue intentando” se ríe… “Sigue intentando”

Y así, cerramos llave, nos paramos de la cama, dejamos el café, nos bajamos del bus y cambiamos de empleo.

Seguimos intentando. Claro que sí, seguimos intentándolo.

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Leer y escribir

Desde que escribí el último post quedé inquieta. No confío en lo que escribo y menos aún en el silencio. Nadie comentó nada. Pensé y releí la historia varias veces, la corregí, la leí de nuevo pero parecía oscura. Así que cada vez que le pedía a alguien que la leyera me disculpaba por lo extraño de la historia, decía que me perdonara pero que no estaba intentando ninguna creación poética o creativa, que eso, absurdo y surreal fue lo que ocurrió.

Hoy me desdoblo de nuevo y me leo; me veo a mí misma intentado escribir sobre una realidad que no comprendo, una inmediatez que se siente suspendida para ser escrita, comprendida y analizada… una realidad tan extraña que sólo se puede intentar describirla.

Volví a escribir para leerme en eco, para ver si así me ayudo a despertar.

Juego de niños

Si alguien ha tenido que ir al banco un sábado o un día de vacaciones escolares entenderá de lo que hablo.

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Dos pequeños de no más de 6 años corrían de un lado al otro mientras los adultos jugaban su juego. El silencio sepulcral del dinero, del miedo, de la adultez, tenía congelados a unos 10 individuos en un remedo de fila india. Una fila comprimida tres veces para que se aglutinaran y su paranoia los cubriera a todos bajo sus propias miradas. Los niños en cambio corrían. Cantaron una, dos, tres veces juguemos en el bosque preguntando si el lobo está… Y el lobo sé los comía ante la sonrisa cómplice de los adultos petrificados que esperaban su turno.

Uno a uno pasaron los adultos, cogieron su dinero mientras los niños seguían preguntando sin parar, muriendo y resucitando cuantas veces fueran necesarios hasta que alguno de ellos reaccionara para jugar. Cuando llegó nuestro turno, sin previo aviso, un lobo más grande y feroz apareció. Frente a nuestros ojos el celador del banco reaccionó inmediatamente y le señaló frente a los presentes y el juego pareció acabar. El ladrón que nos observaba sigilosamente durante el juego quedo descubierto la policía llegó pronto. Lo arrestaron y fue llevado a la estación. Mi madre lavada en lágrimas balbuceaba que era a ella a quien esperaban, mientras agarraba con fuerza el bolso que el lobo no alcanzó a devorar.

Tercer día

Mi tía lleva tres días de hospitalizada por cuenta de su vesícula. Mi madre, como madre de todos sus hermanos, hijos, nietos y sobrinos, está allá cuidándola, hablando con los médicos y tratando de entender por qué una cirugía ambulatoria se complicó a tal punto que mi tía no se pueda levantar de la cama ni ingerir alimento alguno hasta el día de hoy.

Mi madre que es madre de todos los que tiene a su cargo, tiene hijos múltiples de toda índole y su empresa ha sido uno de los  medios para que se propague su fertilidad materna, adoptando a sus empleados como parte de esa familia de hijos. De ahí que ella describa la empresa como parte de un negocio familiar, aunque sólo hasta hace dos meses tiene a su hija dentro de la nómina.

Ahora, hace tres días empezó la prueba de fuego, soy la madre sustituta, la gerente de una empresa a la que hasta ahora voy reconociendo. Con más de 20 hombres a cargo es curioso que una jovencita inadaptada se inmiscuya en sus fuertes labores. El cuadro parece una caricatura feminista o un mal chiste filosófico.  Alguien que no pensaba tener ni siquiera hijo de repente hereda los hijos de una madre amorosa, alguien que sueña con el silencio de las bibliotecas trabaja al lado de la caldera planchando la producción de turno para satisfacer al cliente.

 

Proyectos postergados

Ahora que mi vida es algo así como un paréntesis, empiezo a recordar los pequeños proyectos que no lograba hacer por falta de tiempo o de recursos. Recordé por ejemplo, que quería aprender a usar Photoshop, Ilustrator, Indesign y dibujar más seguido,  que quería aprender algo de lenguajes de programación e idiomas. Recordé que hay vida después de una muerte académica y que sobre todo es bonito leer y escribir porque a uno se le pega la gana.

Ya aprobé mi primer curso del SENA y volví a Codecademy, ya  terminé también el tercer libro desde que volví…   y ahora estoy escribiendo  acá…