Aprendizajes

Tengo algo más que setenta páginas por revisar de un documento que no sé cómo pudo ser escrito. Cuando voy por la calle con cualquier otra persona y vislumbra un individuo, que no se adapta las tendencias o a las normas implícitas de la etiqueta del espacio público, suelo escuchar un comentario paradigmático “¿nadie le dijo que no se visitiera de esa manera? ¿será que en su casa no hay espejos?” y creo que la situación se ajusta bastante a la situación compleja que me representa leer este texto.

Cuando llegué a la universidad creía que escribía con bastante elocuencia porque mis textos eran estimados por todo aquel que los tenía entre sus manos. Me armé de un ego infundado (y tal vez bastante mentiroso) que selló con broche de oro el fracaso de mi paso por la universidad. sin embargo este fracaso me ha dado quizá la única certeza que hoy me acompaña: que para escribir hay que sospechar de cada palabra, de cada oración y del mismo párrafo. Que no es lo mismo escribirle al lector de éste blog que al académico; son simples juegos del lenguaje.

Ahora bien, el texto que leo me ha puesto manifiestamente la pregunta por el pensamiento ¿es acaso ‘más verdadero’ mi ejercicio académico que mis ejercicios de escritura? -tal vez no, pero sí son más complejos. Escribirle a alguien que está dispuesto a encontrar la falacia en tus discursos no permite que de golpe seas capaz de expresar todo aquello que te inquieta como en cambio es probable que seas capaz de acercarte sigilosa e intuitivamente a algunas nociones e hipótesis que vas construyendo.

Así que dejé a un lado la pretensión de leer una tesis para leer a un amigo… y aunque su texto no cumpla con las normas básicas de la etiqueta académica, creo que vendría bien poderle hablar de sus inquietudes. Superar los paradigmas totalizadores que paralizan y tratar de entender… tal vez quien salió en chancletas de su casa sí tuvo quién le dijera que no lo hiciera, simplemente prefirió su comodidad a la comodidad visual del otro.

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