El palo en la rueda

Ya ni siquiera cuento los días, semanas o meses que llevo sin lograr avanzar en la tesis. Hay días en los que tengo unas lecturas llenas de energía y cuando llego a escribir mi cabeza entra en un estado muy extraño y no responde. Me siento frente al computador encendido, en la pagina de word y el puntero titilando. Tengo algunas notas a mano y garabatos en las páginas que leo. Intento transcribirlas a ver qué, pero no funciona. Cierro el compu y me voy por un café.

Camino un rato, busco con quién hablar, relajar la mente, pensar en otra cosa. A lo mejor mañana.- me digo.

Al día siguiente la tortura es aún más nefasta. No sé dónde quedé ni porqué me fui por ese café, tal vez hasta me haya caído mal en el estómago. Me siento en la cafetería del edificio de Ciencia Humanas y el frío de la mañana me ayuda a no perder la cordura. Intento retomar el argumento desde mis garabatos. Necesito leer la fuente primaria, necesito leer a Aristóteles… y es que leer a Aristóteles termina siendo siempre mi cliché.

No he leído a Aristóteles hace ya muchos días, semanas y meses (quizá). Leerlo es leer sus varias traducciones, es la ceremonia de abrir los libros en el mismo fragmento y pensar las sutilezas de los traductores. Es bello hacerlo pero es también tremendamente tedioso. Nunca hay un día adecuado o un lugar. Me explayé en la biblioteca, me explayé en el Centro de Estudios, me explayé en la sala del comedor de casa, me explayé en mi cuarto.

Ya ni siquiera cuento los días, semanas o meses que llevo perdida entre los papeles, las fotocopias, las notas, los libros… el computador sigue encendido, en la pagina de word y el puntero titilando.

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