tap, tip, tap

en esta casa de 7 paredes sólo se escucha el golpetear de las teclas, mientras el gato duerme

¿Qué es un profesor? 

Acabo de enviarle este vídeo a mi profesora en un intento de darle las gracias por lo que hace cada día pero empecé a preguntarme si había hecho lo correcto.

En el video dejan claro que el profesor tiene una clase de estudiantes con necesidades especiales y sus edades parecen oscilar entre 8-11 años. Su trato y estrategias parecen apropiadas para esta población pero ¿se puede replicar este modelo en otros niveles de educación? quisiera pensar que sí pero me asaltan varias dudas.

¿Qué es lo que debería hacer un profesor? En sentido general se podría decir que la función de los profesores es enseñar. Dar herramientas para desarrollar ciertas capacidades y descentralizar algún tipo de conocimiento; pero ¿cuáles son los límites de esta enseñanza? o ¿cómo debe hacerse esta práctica? son cuestiones que tienen otro talante y se alejan de la definición para cuestionar los propósitos sociales de esta profesión.

No sólo en la escuela primaria se están forjando el tipo de individuos que conformarán las sociedades pero parece que sólo a esta se le cuestiona por los individuos que en efecto la conforman. La crianza ha sido intervenida por la escuela formal pero olvidamos voluntariamente que ésta es retroalimentada por la familia, los amigos y los vecinos. Sí, los vecinos. Los pequeños núcleos sociales desmoronados en estas últimas décadas.

¿quienes les enseñará a las nuevas generaciones a confiar en los demás?

Y es que la hostilidad se ha insertado en nuestras formas de relacionarnos con los demás, que poco a poco la empatía ha sido restringida sólo al ámbito de la vida privada. La amabilidad e incluso la benevolencia sinceras son excentricidades que pocos se permiten. Así vuelvo y reformulo mi pregunta inicial ¿deberían los profesores enseñarnos estas cosas? ¿cómo podrían enseñarnos a ser amables y benévolos sino es siendo ellos mismos de esta manera?

Recuerdo un email de dos cuartillas sin una sola apreciación positiva de un proyecto. Recuerdo lo miserable que me sentí al leer sobre mis carencias y debilidades. Recuerdo el miedo que me daba escribir una idea, una frase, una palabra. Lo recuerdo porque debo reconocer que aprendí a ser mas cautelosa y menos ingenua, y porque de esa crisis siento que mi carácter se ha robustecido pero aún así, creo que no le desearía tremenda experiencia a nadie. Tal vez por esta razón aplaudo iniciativas donde los profesores asumen que más allá del conocimiento que imparten, hay algo más.

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Aprendizajes

Tengo algo más que setenta páginas por revisar de un documento que no sé cómo pudo ser escrito. Cuando voy por la calle con cualquier otra persona y vislumbra un individuo, que no se adapta las tendencias o a las normas implícitas de la etiqueta del espacio público, suelo escuchar un comentario paradigmático “¿nadie le dijo que no se visitiera de esa manera? ¿será que en su casa no hay espejos?” y creo que la situación se ajusta bastante a la situación compleja que me representa leer este texto.

Cuando llegué a la universidad creía que escribía con bastante elocuencia porque mis textos eran estimados por todo aquel que los tenía entre sus manos. Me armé de un ego infundado (y tal vez bastante mentiroso) que selló con broche de oro el fracaso de mi paso por la universidad. sin embargo este fracaso me ha dado quizá la única certeza que hoy me acompaña: que para escribir hay que sospechar de cada palabra, de cada oración y del mismo párrafo. Que no es lo mismo escribirle al lector de éste blog que al académico; son simples juegos del lenguaje.

Ahora bien, el texto que leo me ha puesto manifiestamente la pregunta por el pensamiento ¿es acaso ‘más verdadero’ mi ejercicio académico que mis ejercicios de escritura? -tal vez no, pero sí son más complejos. Escribirle a alguien que está dispuesto a encontrar la falacia en tus discursos no permite que de golpe seas capaz de expresar todo aquello que te inquieta como en cambio es probable que seas capaz de acercarte sigilosa e intuitivamente a algunas nociones e hipótesis que vas construyendo.

Así que dejé a un lado la pretensión de leer una tesis para leer a un amigo… y aunque su texto no cumpla con las normas básicas de la etiqueta académica, creo que vendría bien poderle hablar de sus inquietudes. Superar los paradigmas totalizadores que paralizan y tratar de entender… tal vez quien salió en chancletas de su casa sí tuvo quién le dijera que no lo hiciera, simplemente prefirió su comodidad a la comodidad visual del otro.

Volví a escribir

No sé muy bien cómo pero volví a hacerlo. Tomé mis apuntes de lectura y las preguntas de un formato racional que elaboré para estos casos y me animé a escribir unas cuantas líneas. No sé si sea acaso un texto bien escrito, aún me parece que no lo es. Conserva mucho de esa vieja crítica de “escribir a modo de blog” en un texto que pretende ser académico y ello me deja un aire de fracaso impregnado en la piel. Creo que la crítica fue justa en su momento, o incluso aún lo es. Siempre me escribo al escribirle a los otros y al escribirle a otros parece que sólo me hablara mí. Un puro soliloquio confuso y emotivo, un mero padecimiento.

Mañana lo editaré. Espero revisarlo con calma y estructurarle mejor las ideas. Recordar siempre “sujeto, verbo y predicado” e “ideas primarias y secundarias”. Dejar de creerle al daemon. Volver a disfrutar de lo que más me ha gustado hacer en la vida.

A mis 25

Una noche aterrada entre el trago y la chica guapa que no me daba ni la hora, me atreví a confesar el más grande de mis miedos hasta aquel momento… Que el tiempo pasaría, como estaba pasando en ese instante, y yo no sería nada, ni la sombra de mí misma.

Ella sonrió como siempre lo hace y me dijo que era una idiota, que no había prisa, que ahí estaba ella con su pregrado finalizado a los 25 y con una expectativa demasiado alta a la que dejó de creerle. Me dijo que lo importante era que lo disfrutara, que disfrutara el camino y que si me cogía con un par de años no tendría mayor efecto.

Yo quise creerle por un tiempo, como le creía todo lo que me decía. Quise creerle porque al fin y al cabo yo aún no había llegado a la edad de los plazos límites y no había terminado nada en mi vida.

Pero hoy con los 25 por cumplir y la vida hecha pedazos, miro aquella conversación y lo estúpida que he sido siempre.

Ella nunca tuvo la culpa de hablarle de ideales a alguien quien sólo vivía en pragmatismos, ella sólo hablaba de sí misma y de su vida, sólo predicaba sobre sí. Hasta hoy lo noto. Cuando ya no queda lugar para esconderse, cuando no hay glorias ni sueños cumplidos, cuando la vergüenza absoluta es la prenda indispensable del atuendo, la mueca del espejo y el café de la mañana.

No, a los 25 no todo el mundo se gradúa… y graduarse de una carrera no es para todo el mundo. El problema es que yo hubiese querido hacerlo, y en ello fracasara.

Tristeza

A veces la tristeza viene y nos coge en la mitad de un baño de agua caliente, en la subida de la montaña, en el respiro final. A veces la tristeza nos coge cuando despertamos y tomamos el café de la mañana, al tomar el autobús, al llegar al trabajo.

A veces simplemente viene y nos coge, nos da tres vueltas y se burla en nuestra cara. “Sigue intentando” se ríe… “Sigue intentando”

Y así, cerramos llave, nos paramos de la cama, dejamos el café, nos bajamos del bus y cambiamos de empleo.

Seguimos intentando. Claro que sí, seguimos intentándolo.

Leer y escribir

Desde que escribí el último post quedé inquieta. No confío en lo que escribo y menos aún en el silencio. Nadie comentó nada. Pensé y releí la historia varias veces, la corregí, la leí de nuevo pero parecía oscura. Así que cada vez que le pedía a alguien que la leyera me disculpaba por lo extraño de la historia, decía que me perdonara pero que no estaba intentando ninguna creación poética o creativa, que eso, absurdo y surreal fue lo que ocurrió.

Hoy me desdoblo de nuevo y me leo; me veo a mí misma intentado escribir sobre una realidad que no comprendo, una inmediatez que se siente suspendida para ser escrita, comprendida y analizada… una realidad tan extraña que sólo se puede intentar describirla.

Volví a escribir para leerme en eco, para ver si así me ayudo a despertar.

Juego de niños

Si alguien ha tenido que ir al banco un sábado o un día de vacaciones escolares entenderá de lo que hablo.

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Dos pequeños de no más de 6 años corrían de un lado al otro mientras los adultos jugaban su juego. El silencio sepulcral del dinero, del miedo, de la adultez, tenía congelados a unos 10 individuos en un remedo de fila india. Una fila comprimida tres veces para que se aglutinaran y su paranoia los cubriera a todos bajo sus propias miradas. Los niños en cambio corrían. Cantaron una, dos, tres veces juguemos en el bosque preguntando si el lobo está… Y el lobo sé los comía ante la sonrisa cómplice de los adultos petrificados que esperaban su turno.

Uno a uno pasaron los adultos, cogieron su dinero mientras los niños seguían preguntando sin parar, muriendo y resucitando cuantas veces fueran necesarios hasta que alguno de ellos reaccionara para jugar. Cuando llegó nuestro turno, sin previo aviso, un lobo más grande y feroz apareció. Frente a nuestros ojos el celador del banco reaccionó inmediatamente y le señaló frente a los presentes y el juego pareció acabar. El ladrón que nos observaba sigilosamente durante el juego quedo descubierto la policía llegó pronto. Lo arrestaron y fue llevado a la estación. Mi madre lavada en lágrimas balbuceaba que era a ella a quien esperaban, mientras agarraba con fuerza el bolso que el lobo no alcanzó a devorar.

Tercer día

Mi tía lleva tres días de hospitalizada por cuenta de su vesícula. Mi madre, como madre de todos sus hermanos, hijos, nietos y sobrinos, está allá cuidándola, hablando con los médicos y tratando de entender por qué una cirugía ambulatoria se complicó a tal punto que mi tía no se pueda levantar de la cama ni ingerir alimento alguno hasta el día de hoy.

Mi madre que es madre de todos los que tiene a su cargo, tiene hijos múltiples de toda índole y su empresa ha sido uno de los  medios para que se propague su fertilidad materna, adoptando a sus empleados como parte de esa familia de hijos. De ahí que ella describa la empresa como parte de un negocio familiar, aunque sólo hasta hace dos meses tiene a su hija dentro de la nómina.

Ahora, hace tres días empezó la prueba de fuego, soy la madre sustituta, la gerente de una empresa a la que hasta ahora voy reconociendo. Con más de 20 hombres a cargo es curioso que una jovencita inadaptada se inmiscuya en sus fuertes labores. El cuadro parece una caricatura feminista o un mal chiste filosófico.  Alguien que no pensaba tener ni siquiera hijo de repente hereda los hijos de una madre amorosa, alguien que sueña con el silencio de las bibliotecas trabaja al lado de la caldera planchando la producción de turno para satisfacer al cliente.

 

Proyectos postergados

Ahora que mi vida es algo así como un paréntesis, empiezo a recordar los pequeños proyectos que no lograba hacer por falta de tiempo o de recursos. Recordé por ejemplo, que quería aprender a usar Photoshop, Ilustrator, Indesign y dibujar más seguido,  que quería aprender algo de lenguajes de programación e idiomas. Recordé que hay vida después de una muerte académica y que sobre todo es bonito leer y escribir porque a uno se le pega la gana.

Ya aprobé mi primer curso del SENA y volví a Codecademy, ya  terminé también el tercer libro desde que volví…   y ahora estoy escribiendo  acá…

 

Querido yo del pasado

A propósito del retorno a casa

Querido yo del pasado:

Te estoy escribiendo en la media hora de receso que me tomé de las vueltas burocráticas, siempre estúpidas, siempre (in)necesarias. No me dedico a la escritura y los libros llevo cerca de un mes sin tocarlos. No, no he muerto pero siento como si estuviese en la caverna con Lázaro esperando, así que mientras eso ocurre me propuse escribirte, quizás así, tenga alguna manera de remediar este presente complicado.

De lo primero que te hablaría es del dinero: sé que tienes 18 años y crees que 200.000 pesos es una suma suficiente para conquistar el mundo, que tener algo en el bolsillo es un lujo y que la comida es un exceso que se sobrestima. Sé que tus ideales son tu bandera y que te peleas con los monstruos imaginarios de ser necesario. Sé que sientes que conoces el mundo, que conoces a las personas y que sobre todo sé que crees que conoces del trabajo lo que se necesita saber. Pues bien, he de decirte que como tus expectativas por el dinero fueron mínimas, cuando las cantidades fueron aumentando no supiste manejarlas. El cupo de la tarjeta electrónica no era efectivo y si hubieses hecho un plan o hubieras pensado el futuro, no habrías cometido los errores que aún estoy pagando. El hambre fortalece el espíritu y te hace reconocer pulsiones muy intensas te tu animalidad. El hambre te hará reconocer tu propia miseria y lo dependiente que eres, así que deberías empezar por tragarte el orgullo para que por lo menos así, el poco alimento que recibas te nutra realmente; porque cuando la desnutrición llegue arrasará con tus amigos. Cuando llegues al trabajo recuerda que las normas que no aprendiste debes ser ejecutadas con precisión. Nadie escuchará tus excusas porque a nadie le interesan, eres un ente productivo: cumples una labor, bajo unas reglas, y se te da un dinero.

Ahora bien, sé que dejaste tu casa, tu familia, tus amigos, tu comodidad, por ir detrás de ese sueño llamado filosofía. Sé que piensas que lo que se necesita es estar allá y escucharlos y hablarles a los grandes, para que su virtud sea transmitida a tu espíritu; para que su fortuna sea un poco la tuya. Debo decirte que la cosa no fue así, conversaras con los grandes y ellos se buralaran en tu cara. Aprenderás a las patadas que el tiempo para el estudio era algo que no debías poner en venta. Que escribir era tu oficio y que como todo oficio debías practicarlo con regularidad y disciplina. Sentirás que no perteneces a ninguna parte porque nunca tuviste tiempo y sobre todo, dejarás morir tus proyectos, con el transcurrir de esa falta de tiempo.

La familia no te entenderá pero estará de tu parte, al fin y al cabo tú nunca los entenderás tampoco. Mamá siempre te estará esperando y papá te querrá a distancia. Tus hermanos serán lo que han sido hasta ahora, fantasmas, pero verás en tu hermana un rostro más humano, sólo necesitas algo de paciencia. Sólo deberías confiar un poco más en ellos ya que al final de tu travesía serán tu único camino de retorno.

Del amor en cambio aprenderás el valor del silencio y de la comprensión. La felicidad del compartir y la energía de luchar por sueños en común. Del amor aprenderás todo lo que se necesita para apreciar a la mujer con la que te casarás. No lee filosofía, no le gusta, pero te lleva a la playa y al jardín para que puedas dibujar y escribir. No, no entiende de la trascendentalidad de tus palabras y los problemas que se enmascaran en el lenguaje, pero te mirará con la ternura más limpia que unos ojos puedan mirarte. Así que no te niegues nada, que tus errores, nos valen el más grande triunfo. Encontramos a quien nos ama de verdad.

Te escribo no porque me arrepienta de todo, sólo creo que no debimos sufrir tanto, no era necesario. Te escribo para que no sigas cometiendo una y otra vez los mismo errores, que son los míos. Te escribo para que aprendas a escuchar consejos y tal vez así, nos salvemos de algunas batallas vanas.

 

C.